San Borondón: la misteriosa isla canaria que aparece y desaparece
Una isla que aparece en el horizonte y desaparece cuando alguien intenta encontrarla. Marineros que aseguraron haberla visto, expediciones organizadas para localizarla y antiguos mapas que llegaron a representarla como una tierra más del Atlántico.
No es el argumento de una novela. Es la leyenda de San Borondón, uno de los grandes misterios del canario.
Durante siglos se creyó que al oeste del Archipiélago podía existir una isla desconocida. Algunos decían distinguirla desde La Palma, El Hierro o La Gomera. Otros llegaron incluso a afirmar que habían desembarcado en ella.
Lo curioso es que, cuando alguien intentaba regresar, la isla ya no estaba.
¿De dónde viene la leyenda de San Borondón?
Para encontrar el origen de esta historia hay que viajar muchos siglos atrás.
La tradición está relacionada con San Brandán de Clonfert, también conocido como Brendan el Navegante, un monje irlandés del siglo VI alrededor del cual surgieron relatos sobre un extraordinario viaje por el Atlántico en busca de una tierra paradisíaca.
Según la tradición medieval, durante aquella travesía habría encontrado una isla de naturaleza exuberante y condiciones casi idílicas.
Con el paso de los siglos, aquella tierra legendaria terminó relacionándose con Canarias y el nombre de San Brandán evolucionó hasta convertirse en el San Borondón que conocemos en las Islas.
Pero la historia no se quedó únicamente en una antigua leyenda.
La isla llegó a aparecer en los mapas
Aquí es donde la historia se vuelve todavía más curiosa.
La existencia de la isla fue tomada suficientemente en serio como para que San Borondón apareciera representada en diferentes mapas antiguos, generalmente situada al oeste del Archipiélago.
Durante los siglos siguientes continuaron acumulándose relatos de navegantes que afirmaban haber observado una tierra desconocida en esa zona del Atlántico.
La imagen que se transmitía de ella era bastante concreta: desde algunas islas se habría observado una gran extensión de tierra con dos elevaciones destacadas y una zona más baja en el centro.
Y no todos se conformaron con observarla desde lejos.
Hubo expediciones para encontrar San Borondón
La búsqueda de San Borondón llegó a movilizar expediciones.
Una de las primeras documentadas tuvo lugar en 1526, cuando Fernando de Troya y Fernando Álvarez, vecinos de Canaria, salieron en busca de aquella misteriosa tierra.
No la encontraron. Sin embargo, los testimonios continuaron.
En 1570, las noticias sobre supuestos avistamientos llegaron a provocar una investigación formal. Según la documentación recogida posteriormente por José de Viera y Clavijo, se reunieron testimonios de más de un centenar de personas que afirmaban haber visto aquella tierra.
También se organizaron nuevas búsquedas durante los siglos posteriores.
El resultado se repetía: la isla que algunos aseguraban distinguir desde tierra firme desaparecía cuando se intentaba llegar hasta ella.
¿Dónde estaría San Borondón?
Las descripciones históricas situaban la isla en algún punto al oeste de Canarias. Los relatos recogidos a lo largo del tiempo afirmaban que podía divisarse especialmente desde La Palma, El Hierro y La Gomera.
Su ubicación, sin embargo, nunca pudo establecerse.
Y precisamente esa imposibilidad de encontrarla convirtió a San Borondón en algo más que una supuesta isla desconocida: comenzó a adquirir esa condición de tierra que aparece y desaparece.
Entonces, ¿existe realmente San Borondón?
Hasta ahora no existe evidencia geográfica de que haya una isla desconocida en esa zona del Atlántico.
Pero eso no significa necesariamente que todas las personas que dijeron haber visto algo en el horizonte estuvieran inventándolo.
Una de las explicaciones propuestas para algunos de esos avistamientos son los espejismos marítimos, entre ellos fenómenos de refracción atmosférica como la fata morgana.
En determinadas condiciones de temperatura y luz, las capas de aire pueden alterar la trayectoria de la luz y hacer que objetos situados a gran distancia aparezcan deformados, elevados o desplazados sobre el horizonte.
Así, la silueta de una isla real como La Palma o El Hierro podría haber sido percibida desde determinados lugares de una forma completamente diferente.
Esto ayudaría también a explicar uno de los elementos fundamentales de la leyenda: que aquella supuesta isla pudiera verse en un momento concreto y desaparecer posteriormente.
Es una posible explicación. No una confirmación definitiva de todos los relatos acumulados durante siglos.
¿Y quienes aseguraron haber pisado la isla?
Este es otro de los elementos que alimentaron el misterio.
Algunos relatos no se limitaban a hablar de una silueta en el horizonte. Había quienes aseguraban haber llegado hasta aquella tierra e incluso haber recorrido parte de ella.
Una posible interpretación es que algunos navegantes hubieran desembarcado realmente en una de las islas occidentales sin identificar correctamente dónde se encontraban.
En una época en la que la cartografía y el conocimiento preciso de estos territorios eran muy diferentes a los actuales, una confusión de este tipo no resultaría imposible.
Después, realidad, transmisión oral y leyenda pudieron hacer el resto.
Una isla que nunca terminó de desaparecer
Puede que San Borondón no figure en los mapas actuales, pero en Canarias nunca ha desaparecido del todo.
Su historia ha pasado de generación en generación y ha encontrado espacio en relatos populares, literatura, música y folclore.
Quizá ahí esté precisamente lo más interesante de la leyenda.
Durante siglos buscamos una isla que aparecía y desaparecía en el horizonte y, aunque nunca conseguimos encontrarla, San Borondón terminó encontrando su lugar en la cultura canaria.
Y todavía hoy, cuando una silueta extraña aparece sobre el Atlántico, resulta inevitable que alguien vuelva a pronunciar su nombre.
¿Habían escuchado hablar de ella?
Puede que San Borondón no aparezca en los mapas actuales, pero su historia lleva siglos formando parte del imaginario de las Islas. Y no es la única historia de nuestra tierra que parece sacada de una novela.
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