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Trashumancia en Gran Canaria

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Trashumancia en Gran Canaria

Trashumancia en Gran Canaria: una tradición que sigue viva

Hay costumbres que sobreviven en fotografías, documentos o museos. Otras siguen ocurriendo delante de nosotros. La trashumancia en Gran Canaria pertenece a este segundo grupo: una práctica ganadera con siglos de historia que todavía lleva a los pastores y sus rebaños a recorrer la isla en busca de los mejores pastos.

Ver cientos de ovejas avanzando por un camino de la cumbre puede parecer hoy una imagen excepcional. Sin embargo, detrás de esos desplazamientos existe una forma de entender el territorio que se ha transmitido durante generaciones.

Y aunque solemos hablar de trashumancia, en Gran Canaria hay otra palabra que cuenta mucho mejor esta historia: la mudá. 

¿Qué es la trashumancia en Gran Canaria?

La trashumancia consiste, de forma general, en desplazar periódicamente el ganado de unas zonas de pasto a otras aprovechando las condiciones de cada estación.

Pero la trashumancia en Gran Canaria tiene unas características muy particulares.

La extensión de la isla, su relieve y sus numerosos microclimas hacen que no sean necesarios desplazamientos de cientos de kilómetros como ocurre en algunos territorios continentales. En relativamente poca distancia se puede pasar de zonas costeras más secas a medianías y cumbres con condiciones completamente diferentes.

Por eso, entre los propios pastores grancanarios se utiliza tradicionalmente el término mudá para referirse a estos movimientos estacionales del ganado. 

Una tradición que comenzó mucho antes que nosotros

Para encontrar las raíces de la trashumancia en Gran Canaria hay que mirar hacia el pasado indígena de la isla.

La ganadería ya tenía un papel fundamental entre los antiguos canarios y el aprovechamiento de los diferentes pastos obligaba a desplazarse por el territorio siguiendo sus ciclos naturales.

Tras la conquista, la actividad continuó desarrollándose y existen referencias históricas durante siglos a pastores, ganados, dehesas y terrenos utilizados para estos movimientos.

No hablamos, por tanto, de una costumbre creada recientemente para conservar el folclore. Es una actividad ganadera que ha conseguido sobrevivir durante generaciones y cuya presencia ha dejado huella incluso en los caminos y paisajes de la isla. 

De la costa a la cumbre siguiendo los pastos

Entender la trashumancia en Gran Canaria también supone entender su geografía.

Los pastores aprendieron a interpretar cuándo un territorio podía alimentar al ganado y cuándo había llegado el momento de desplazarse. Las lluvias, las temperaturas y la disponibilidad de pasto marcaban el calendario.

El objetivo era aprovechar aquello que ofrecía cada zona en cada momento del año.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la transformación del territorio ha reducido los espacios disponibles. El crecimiento urbano y turístico de las zonas costeras y las limitaciones existentes en determinados espacios de medianías y cumbre han ido estrechando el territorio por el que tradicionalmente podían moverse los rebaños. 

Una tradición que todavía podemos ver

Todo esto puede sonar a una historia perteneciente a otra época, pero continúa sucediendo.

En enero de 2026, por ejemplo, más de 400 ovejas recorrieron el trayecto desde Pavón hasta la Presa de las Niñas. Al frente estaban Belén y José Francisco Mendoza, continuando la tradición ganadera heredada de su padre, José de la Cruz Mendoza, conocido como Pepe el de Pavón.

Es precisamente ahí donde la trashumancia en Gran Canaria adquiere otra dimensión.

No estamos ante una representación preparada para enseñar cómo vivían antiguamente los pastores. Los desplazamientos siguen formando parte de la actividad de algunas familias ganaderas de la isla.

Los rebaños también ayudan a cuidar el paisaje

Hay otra consecuencia de esta actividad que pasa mucho más desapercibida.

Mientras ovejas, cabras y otros animales pastan, también están controlando parte de la vegetación existente en el territorio.

Esto puede contribuir a crear zonas con menor acumulación de combustible vegetal y, por tanto, dificultar la propagación del fuego. El geógrafo Javier Gil estima que actualmente los pastores gestionan mediante su actividad entre 11.000 y 15.000 hectáreas de terreno en Gran Canaria. 

La trashumancia en Gran Canaria pasa así de ser únicamente una herencia cultural a convertirse también en una herramienta vinculada con la gestión del paisaje, la biodiversidad y la prevención frente a determinados incendios forestales.

Un conocimiento desarrollado durante generaciones que vuelve a resultar especialmente interesante ante algunos de los problemas ambientales actuales.

Los caminos también guardan esta historia

Los desplazamientos de los rebaños han utilizado históricamente caminos, cañadas y otras vías que conectaban diferentes zonas de pastoreo.

Por ellos no viajaban únicamente animales. Circulaban personas, conocimientos y una manera particular de relacionarse con el territorio.

La importancia de este patrimonio caminero trasciende actualmente las fronteras de las islas. Los Senderos de Trashumancia y Caminos Rurales obtuvieron la certificación como Itinerario Cultural del Consejo de Europa dentro de un proyecto internacional en el que participa Canarias junto con territorios de otros países europeos e iberoamericanos.

El reconocimiento busca poner en valor tanto los caminos tradicionales como las actividades y conocimientos asociados al pastoreo.

Una tradición que se enfrenta a su mayor reto

Precisamente porque continúa existiendo, la trashumancia en Gran Canaria también puede desaparecer.

Una investigación sobre su situación llegó a entrevistar a los últimos 23 pastores trashumantes de la isla y advertía del peligro de desaparición de esta actividad.

El relevo generacional, la disponibilidad de terrenos, la rentabilidad de la ganadería tradicional y las dificultades propias de un oficio que exige atención prácticamente todos los días del año condicionan su futuro. 

Y aquí aparece una paradoja: mientras comenzamos a comprender mejor su valor cultural y ambiental, cada vez quedan menos personas capaces de conservar los conocimientos necesarios para practicarla.

Mucho más que una imagen de cientos de ovejas

La próxima vez que veas un rebaño atravesando alguno de los caminos de Gran Canaria, detrás habrá mucho más que una imagen curiosa.

Habrá familias que llevan generaciones dedicándose al pastoreo, caminos utilizados durante siglos, conocimientos transmitidos de padres a hijos y una forma de aprovechar los recursos naturales adaptándose al territorio.

La trashumancia en Gran Canaria es una de esas tradiciones que ayudan a explicar la isla que conocemos hoy. Una práctica que nació por necesidad y que, siglos después, continúa demostrando que algunas respuestas para cuidar el territorio pueden encontrarse precisamente en quienes llevan generaciones recorriéndolo.

Porque mientras los rebaños continúen haciendo la mudá, una parte de la historia de Gran Canaria seguirá caminando con ellos.

Y si te gusta descubrir esas historias, tradiciones y curiosidades que explican un poquito mejor quiénes somos, en Los Mejores de Las Palmas seguimos recorriendo Gran Canaria para contártelas.

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