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Origen de la Fiesta del Pino

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Origen de la Fiesta del Pino

Origen de la Fiesta del Pino: historia de una tradición de Gran Canaria

Cada septiembre, miles de personas vuelven a poner rumbo a Teror. Algunas lo hacen por devoción, otras por tradición y muchas simplemente porque el Pino forma parte de una forma muy grancanaria de entender el final del verano.

Pero la historia comenzó mucho antes de las romerías tal y como las conocemos hoy.

El origen de la Fiesta del Pino nos lleva varios siglos atrás, hasta una tradición vinculada a la aparición de la Virgen en un pino de Teror y a una devoción que, con el paso del tiempo, terminó extendiéndose por toda Gran Canaria.

Peregrinaciones, promesas, caminos recorridos a pie, fiestas populares, antiguas bajadas de la imagen a Las Palmas de Gran Canaria y, finalmente, la creación de la actual Romería-Ofrenda forman parte de una historia que ayuda a entender por qué cada 7 y 8 de septiembre Teror se convierte en uno de los grandes puntos de encuentro de la isla.

La leyenda que está en el origen de la Fiesta del Pino

Para explicar el origen de la Fiesta del Pino hay que comenzar diferenciando la tradición popular de los hechos históricos documentados.

La tradición sitúa a finales del siglo XV la aparición de una imagen de la Virgen María en lo alto de un gran pino situado en el antiguo valle de Terore. El relato transmitido durante generaciones habla de un árbol de enormes dimensiones, rodeado por tres dragos, sobre el que habría aparecido la imagen. Algunas versiones mencionan incluso una fuente de agua que brotaba junto al denominado Pino Santo.

No existe una única explicación histórica sobre la procedencia de la talla. Mientras la tradición religiosa habla de una aparición milagrosa, otras interpretaciones han intentado relacionar la presencia de imágenes cristianas con la actividad evangelizadora desarrollada en Canarias antes y durante la conquista.

Precisamente por eso conviene hablar de tradición o leyenda de la aparición y no presentar este episodio como un hecho histórico demostrado.

Lo que sí sabemos es que aquella historia terminó dando nombre a una de las advocaciones marianas más importantes de Canarias.

¿Por qué se llama Virgen del Pino?

El nombre está directamente relacionado con aquel árbol asociado a la tradición de la aparición.

En documentos antiguos encontramos otras denominaciones para la imagen, como Santa María de Terore, Nuestra Señora de Septiembre o Nuestra Señora de la Natividad.

Sin embargo, ninguna consiguió desplazar al nombre que había arraigado entre la población: Nuestra Señora del Pino.

Con el paso de los siglos ocurrió algo curioso. Primero fue el árbol el que dio nombre a la Virgen; después, la importancia alcanzada por la propia advocación hizo que el recuerdo de aquel árbol permaneciera vivo precisamente gracias a ella.

¿Qué pasó con el famoso Pino Santo de Teror?

El árbol que protagoniza la tradición tampoco llegó hasta nuestros días.

Según las crónicas recogidas sobre su historia, aquel enorme ejemplar de pino canario permaneció en pie hasta el 3 de abril de 1684, cuando cayó como consecuencia de un fuerte temporal. Parte de su memoria, sin embargo, se conservó.

De su madera se realizó una cruz que, después de diferentes traslados a lo largo del tiempo, terminó custodiándose en el entorno de la Basílica del Pino. Así, aunque aquel árbol desapareció hace más de tres siglos, continúa formando parte del imaginario y del patrimonio asociado a la Virgen.

De una pequeña ermita a un gran centro de peregrinación

Tras el nacimiento de la devoción se levantó una primera ermita para albergar la imagen.

Ya durante el siglo XVI encontramos testimonios que muestran cómo el culto iba adquiriendo importancia. También existen referencias de mediados de aquella centuria a la costumbre de vestir la imagen de la Virgen.

A finales del XVI, el deterioro de aquella primera construcción hizo necesaria su sustitución por un templo mayor.

La creciente afluencia de fieles y la expansión de la devoción terminarían impulsando sucesivas transformaciones hasta llegar al actual templo de Teror, cuya construcción comenzó en el siglo XVIII.

El crecimiento del santuario es, en cierto modo, un reflejo del propio crecimiento de la Fiesta del Pino.

El siglo XVII cambió la dimensión de la devoción

Durante el siglo XVII la Virgen del Pino dejó de ser únicamente una referencia religiosa de Teror para adquirir una dimensión cada vez más insular.

Las fuentes históricas hablan ya de numerosos peregrinos que llegaban hasta su santuario.

También comenzaron las bajadas de la imagen a Las Palmas de Gran Canaria, relacionadas en distintas ocasiones con rogativas ante situaciones especialmente difíciles, como sequías, enfermedades, epidemias u otras calamidades.

La primera de estas bajadas se sitúa en 1607.

La importancia que habían adquirido las celebraciones queda reflejada incluso en las normas eclesiásticas de la época.

Las disposiciones del obispo Cámara y Murga durante el siglo XVII hablan de personas que comían, dormían e incluso bailaban dentro de la iglesia durante las celebraciones. También aparecen referencias documentales a juegos y representaciones teatrales.

Es decir, la mezcla entre religiosidad y fiesta popular que todavía asociamos al Pino tiene raíces de varios siglos.

Caminando hasta Teror mucho antes de existir las carreteras actuales

Uno de los elementos que mejor ha sobrevivido al paso del tiempo es probablemente el camino.

Durante siglos, cuando desplazarse por Gran Canaria era mucho más complicado que hoy, personas procedentes de diferentes puntos de la isla recorrían senderos y caminos hasta llegar a Teror.

Muchos llegaban durante la víspera del 8 de septiembre.

Las parrandas, los timples, las guitarras y los cantares acompañaban el recorrido. Una vez en Teror, los peregrinos podían pasar la noche en la plaza, la Alameda, los alrededores del pueblo o los tradicionales ventorrillos.

La peregrinación no era únicamente una forma de desplazarse hasta una celebración. El propio camino formaba parte de la Fiesta del Pino.

Y, en buena medida, todavía lo hace.

Así era la Fiesta del Pino hace más de un siglo

Una crónica histórica incluida entre las fuentes consultadas permite imaginar la magnitud que ya había alcanzado la celebración.

Describe cómo personas procedentes de los puntos más alejados de Gran Canaria llegaban en grandes grupos hasta Teror. Los senderos parecían auténticos “hormigueros humanos” y miles de personas ocupaban la plaza, las calles y los alrededores del pueblo.

Muchos dormían al aire libre.

Había guitarras, cantadores, carros, puestos de venta, animales, comida y bebida. La feria y las transacciones comerciales convivían directamente con las manifestaciones religiosas.

Pero la misma crónica cuenta algo especialmente revelador: cuando la Virgen aparecía en la puerta del templo para comenzar la procesión, el bullicio desaparecía.

El silencio sustituía a las guitarras y numerosos asistentes se arrodillaban al paso de la imagen.

Tras la procesión comenzaba nuevamente el regreso masivo por los caminos de la isla. Entre las últimas personas que permanecían alrededor del santuario estaban las turroneras, que seguían vendiendo sus productos hasta que se marchaba el último romero. 

Algunas cosas han cambiado muchísimo. Otras resultan sorprendentemente familiares.

El siglo XVIII, una época de esplendor

El siglo XVIII fue especialmente importante para la consolidación del culto a Nuestra Señora del Pino y constituye una etapa fundamental para comprender el origen de la Fiesta del Pino tal y como ha llegado hasta nuestros días.

Las donaciones, alhajas, tierras y objetos religiosos fueron aumentando mientras la importancia del santuario crecía.

También evolucionó la forma de vestir la imagen. Los tejidos de seda y los bordados en oro y plata fueron adquiriendo mayor protagonismo y dejaron un importante patrimonio de artesanía textil religiosa.

En 1760 comenzó la construcción del actual templo y, una vez terminado, la imagen quedó instalada en una hornacina del Retablo Mayor comunicada con un camarín más amplio.

Pero aquella nueva ubicación planteó un problema inesperado.

La Bajada de la Virgen no siempre fue como la conocemos

La Bajada de la Virgen es otro de los acontecimientos que ayudan a entender la evolución y el origen de la Fiesta del Pino actual. Al quedar situado el camarín en una zona elevada, trasladar la imagen hasta el nivel del templo resultaba complicado.

Desde finales del siglo XVIII se utilizaron diferentes mecanismos para realizar la operación.

El gran cambio llegó en el siglo XX.

En 1927 se planteó crear un sistema que permitiera bajar la Virgen directamente desde el camarín hacia la iglesia de una manera más segura y, además, visible para los fieles.

El carpintero Manuel Henríquez Yánez y sus trabajadores desarrollaron un mecanismo de raíles en rampa y una plataforma sobre la que podía descender lentamente la imagen. El sistema se estrenó en las fiestas de 1928.

Lo que hasta entonces había sido fundamentalmente una operación interna del templo terminó convirtiéndose en uno de los actos más reconocibles de las Fiestas del Pino: la Bajada de la Virgen desde su camarín.

1952: nace la Romería-Ofrenda que conocemos hoy

Aquí encontramos otro punto fundamental para entender el origen de la Fiesta del Pino actual.

La peregrinación a Teror es muchísimo más antigua, pero la Romería-Ofrenda organizada tal y como la conocemos nació en el siglo XX.

El 7 de septiembre de 1952 se celebró la primera Romería-Ofrenda a Nuestra Señora del Pino. La idea era reunir en una misma celebración la devoción religiosa y las tradiciones populares de Gran Canaria.

Con el tiempo se consolidó el modelo que hoy conocemos: municipios representados mediante sus carretas, agrupaciones folclóricas, música tradicional y productos de la tierra entregados como ofrenda.

Y cada 7 de septiembre esa tradición vuelve a recorrer las calles de Teror.

El Pino también se canta

La música ha acompañado durante generaciones el camino hacia Teror.

Folías, isas, seguidillas y canciones populares han convertido a la Virgen, la peregrinación y el propio municipio en protagonistas de numerosas composiciones.

Las parrandas forman parte de esa memoria colectiva: gente caminando, cantando y celebrando durante el trayecto hasta encontrarse finalmente frente a la Basílica.

De ahí que expresiones como “caminito de Teror” hayan terminado trascendiendo la propia fiesta.

Porque ir al Pino nunca ha significado únicamente llegar a un lugar.

También significa hacer el camino.

Una fiesta religiosa que terminó siendo parte de la identidad de Gran Canaria

La historia explica por qué resulta difícil encasillar el Pino únicamente como una fiesta religiosa o como una celebración popular. Es las dos cosas.

Durante siglos se han encontrado en Teror la devoción a la Virgen, las promesas de los peregrinos, la música tradicional, los ventorrillos, la artesanía, los productos de la tierra, los encuentros familiares y una enorme dimensión social.

Incluso para muchas personas que actualmente viven la celebración al margen de su componente religioso, septiembre continúa teniendo una asociación inevitable con Teror. Conocer el origen de la Fiesta del Pino permite entender por qué esta tradición ha conseguido trascender su carácter religioso.

Esa mezcla es precisamente una de las claves para entender cómo una devoción nacida hace siglos consiguió convertirse en una tradición compartida por generaciones enteras.

Del origen de la Fiesta del Pino a las Fiestas del Pino 2026

Más de cinco siglos después de las primeras tradiciones asociadas a la Virgen, Teror vuelve cada septiembre a convertirse en uno de los principales puntos de encuentro de Gran Canaria.

La celebración ha cambiado, pero todavía conserva muchos de los elementos que aparecen en su historia: el camino, la víspera, la Bajada, la Romería-Ofrenda, la procesión, la música y el encuentro de miles de personas en Teror.

Este 2026, además, las Fiestas del Pino cuentan con un amplio programa de actos religiosos, culturales, musicales y populares. Y si te ha gustado descubrir el origen de la Fiesta del Pino, en Los Mejores de Las Palmas puedes seguir descubriendo historias, curiosidades y tradiciones que explican por qué Gran Canaria es como es.

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