Entre risas, recuerdos y brindis, Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años como uno de esos negocios que no solo alimentan, sino que también sostienen historias de barrio. Lo que empezó como una bocatería humilde en los años 80, hoy celebra cuatro décadas convertido en punto de encuentro intergeneracional, con una clientela fiel que ha ido cambiando con la ciudad… y con el propio local.
Este aniversario no llega como una simple fecha redonda: coincide con una etapa de transformación. Con el relevo generacional ya en marcha, el establecimiento afronta una nueva identidad, dejando atrás el formato clásico de bocatería para evolucionar hacia una cervecería, sin perder lo esencial: el trato cercano y el ambiente de casa.
De empezar “sin nada” a construir un clásico de Triana
Detrás de la barra hay una historia de esfuerzo real. Sus fundadores, Jonás Rivero e Inmaculada Felipe, levantaron el negocio desde cero con una idea clara: salir adelante a base de trabajo. Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años desde aquellos inicios marcados por jornadas interminables, una cocina en marcha desde la madrugada y una rutina de bocadillos y sándwiches preparados en cadena para atender desayunos sin descanso.
En esa primera etapa, el local funcionaba con una lógica de supervivencia. Madrugar, comprar producto, cocinar, servir, limpiar y volver a empezar. No había romanticismo: había necesidad, constancia y un objetivo familiar que sostener.
Triana antes de los centros comerciales: el bar “más barato” de la zona
Para entender por qué este sitio se volvió imprescindible, hay que situarse en la época. Triana era el epicentro comercial, con tiendas que marcaban el ritmo del barrio. Cuando el comercio cerraba, aparecían otros clientes: dependientes, trabajadores, repartidores, gente que terminaba la jornada y buscaba algo rápido, rico y asequible. Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años habiendo sido, durante mucho tiempo, “el bar más barato de la zona”, y esa accesibilidad fue clave para hacerse un nombre.
Esa fama no se construyó con campañas ni tendencias: se construyó con constancia, precios razonables y un servicio que respondía a una ciudad que empezaba temprano y terminaba tarde.
Cafés al amanecer, estudiantes y generaciones enteras
Hay detalles que explican el vínculo emocional. Como esos cafés que se llevaban de madrugada en invierno a personas que dormían en la calle, en la zona de la plaza de las Ranas. O la llegada de estudiantes cuando la Biblioteca Insular empezó a atraer madrugadores: jóvenes que enlazaban una noche entera de estudio con un café para aguantar el final del esfuerzo. Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años con una anécdota recurrente: ver hoy a abogados, fiscales y profesionales consolidados que, en su día, eran estudiantes agotados con libros bajo el brazo.
Ese tipo de memoria es la que convierte un bar en un lugar importante: no por lo que vende, sino por lo que acompaña.
Un local-escuela: equipo, familia y noches señaladas
El Ca’ Jonás también fue una “escuela” para quienes trabajaron allí. Con el tiempo, se sumaron personas que hoy tienen proyectos propios reconocidos, y que recuerdan aquella etapa como un aprendizaje intensivo: ritmo alto, trato directo con el público y un sentido de equipo muy marcado. Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años con el recuerdo de campañas durísimas, como la de Reyes, cuando el local se convertía en una especie de punto de reunión de todo el año.
Había noches en las que “pasaban lista”: aparecía la clientela de siempre, la de antes y la de ahora, como si el bar fuese un marcador de continuidad en el barrio.
De bocatería a cervecería: el cambio generacional ya se nota
A sus 40, el negocio no se queda quieto. Con Jonás padre delegando progresivamente en su hijo, el local entra en una etapa de cambio que apunta a un formato más de cervecería, ajustado a los hábitos actuales del público. Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años también como símbolo de adaptación: mantenerse significa evolucionar, pero sin borrar lo que lo hizo especial.
El reto es claro: modernizar el concepto sin perder identidad. Y, por lo vivido este fin de semana en la celebración, el vínculo con la gente sigue intacto.
Un lugar por el que pasó “todo tipo de gente”
Parte de su encanto es precisamente ese: por aquí ha pasado de todo. Desde repartidores y trabajadores de primera hora hasta directores de banco, artistas y rostros conocidos. Se recuerdan clientes habituales que con el tiempo se hicieron populares en la cultura canaria, como Olga Cerpa o Lili Quintana, además de otros nombres vinculados a música, teatro y televisión. Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años con una lista de recuerdos que no caben en una sola pared.
Cuando un negocio logra eso, trasciende lo gastronómico: se vuelve parte del relato de la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se fundó el Ca’ Jonás?
Se fundó en enero de 1986, por Jonás Rivero e Inmaculada Felipe, en una etapa de trabajo muy intenso y enfoque en desayunos y bocadillos.
¿Por qué es tan conocido en Triana?
Porque durante años fue referencia por sus precios accesibles, sus desayunos tempranos y su papel como punto de encuentro para trabajadores, estudiantes y clientela habitual.
¿Qué cambia ahora en el local?
El negocio está en proceso de transformación por el relevo generacional, orientándose a un formato de cervecería, manteniendo el espíritu de bar de barrio.

En una ciudad donde muchos locales van y vienen, lo verdaderamente difícil es permanecer. Y permanecer, además, con memoria y con gente. Ca’ Jonás de Triana cumple 40 años demostrando que los negocios con alma se construyen a base de madrugones, cuidado al cliente, comunidad y capacidad de adaptarse sin perder el norte.
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